Leyendas y mitos se cuentan sobre su antiguo origen. La tradición sitúa a San Juan en el desaparecido Ligüés, pueblo legendario al otro lado del río, que fue -siempre según la leyenda- abandonado por una invasión de “lacuercos”, animal mitológico en forma de serpiente.
El actual pueblo se descuelga sobre una ladera, desde el “cabo el lugá” (el “final del pueblo”) hasta la orilla del río Cinqueta, cuya accidentada escollera servía, hasta no hace tanto tiempo, como lugar de encuentro de las “muyés” de San Chuan, en el lavado anual del ajuar de invierno.
Un agradable paseo de un kilómetro, sin desnivel, conecta San Chuan con el vecino Plan, siguiendo la orilla del río.
No se puede hablar de San Chuan -tampoco se puede comprenderlo- sin mencionar “La Falleta”. En esta fiesta ancestral, que se celebra la noche de San Juan, se enciende una gran hoguera en la montaña, de la que se prenden las “tiedas” (teas), una especie de antorchas de fuego con las que se recorre el camino de bajada hasta el pueblo, formando una mágica y enorme serpiente de fuego a ojos de quien lo contempla desde la lejanía.
La Falleta, declarada patrimonio inmaterial de la UNESCO en 2015, es solo el inicio de una serie de actos que, en los días posteriores, ponen en valor la cultura chistabina: el corro de bailes de San Chuan y el día del traje, ambos recuperados por las mujeres del pueblo. ¡Imperdibles!